En el saju no solo hay «sal» (殺) tenidos por aciagos, sino también estrellas auspiciosas (吉神) que traen bendición. La primera entre ellas es el «Cheoneul Gwiin» (天乙貴人). Con el sentido de «una persona noble enviada por el cielo», simboliza a un benefactor que te ayuda en los momentos decisivos de la vida, y una ayuda y protección inesperadas. Cuando cierta rama terrestre, medida frente al amo del día (la energía de tu día de nacimiento), aparece en la carta, se dice que esta estrella está presente.
De quien tiene Cheoneul Gwiin se ha pensado desde antiguo que «alguien aparece de algún lugar para ayudar en cada paso difícil». En el apuro, la mano de un maestro, un mayor o un desconocido se tiende inesperadamente; aun cuando se acerca una gran desgracia, extrañamente se desvía o se atraviesa con la ayuda de alguien. Bien puede llamarse una estrella de rica «fortuna en las personas». En el estudio del saju, donde es fácil asustarse por las estrellas aciagas, conocer una estrella tan tierna de bendición es un gran consuelo para el corazón.
Pero hay algo que recordar bien. Tener la estrella noble no dice en absoluto que te sientes quieto y solo esperes ayuda. Desde antiguo se decía que los benefactores «se reúnen en torno a quien da de su virtud». Cuando eres primero amable con la gente, guardas la fe y compartes ayuda, esos lazos vuelven como tus benefactores en los días por venir. El Cheoneul Gwiin es a la vez una bendición innata y una estrella que crece más grande a través de las relaciones que construyes.
Así que si el Cheoneul Gwiin está en tu carta, confía en esa bendición, pero ojalá te vuelvas también el benefactor de alguien. Y aunque esta estrella esté ausente, no hay necesidad alguna de decepción; las relaciones sinceras convocan un benefactor para cualquiera. Como siempre hace FortuneLeaf, lo que el Cheoneul Gwiin ofrece no es un talismán que te hace esperar la suerte, sino una reflexión suave de que la ternura entre una persona y otra es la mayor bendición de todas, pues el benefactor que te salva no viene de un cielo lejano, sino de dentro de los lazos que has guardado con bondad.