En el feng shui, el término "asiento y orientación" señala el concepto más básico que describe la dirección en la que se sitúa un lugar. Aquí, el asiento significa la dirección sobre la que se apoya la espalda, es decir, el lado hacia el que mira la parte trasera de un sitio, mientras que la orientación significa la dirección que ese sitio mira de frente. Se vuelve fácil de captar si imaginas a una persona sentada en una silla, con la espalda apoyada en la pared y la mirada vuelta hacia la ventana. El espacio tras la espalda es el asiento, y lo que queda ante los ojos es la orientación. Estos dos forman siempre opuestos exactos, situados precisamente a ciento ochenta grados. Así, si el asiento es norte, la orientación es naturalmente sur; si el asiento es este, la orientación es oeste. Como, una vez fijado solo el lado de la espalda de un sitio, el lado de la mirada se sigue por sí mismo, el asiento y la orientación quedan resueltos de una vez como un solo par.
El asiento y la orientación sirven como medida de uso general, ya sea para una morada yang que examina un hogar donde residen los vivos, o un sitio yin que examina un lugar de descanso para los antepasados. La veta de su aplicación difiere un poco, sin embargo. En un sitio yin, el lado donde reposa la cabeza se toma como asiento y el lado hacia el que se extienden los pies como orientación, de modo que se pondera a qué montaña se apoya ese lugar y a qué llanura mira. En una morada yang se compara el lado sobre el que se apoya el edificio con el lado donde se abre la puerta o el frente, observando hacia qué dirección mira la casa entera y de cuál recibe su energía. La razón por la que los antiguos fijaban primero el asiento y la orientación al construir un hogar es que sostenían que el modo de recibir la luz del sol, el viento y los cursos de agua difiere mucho según qué lado un sitio respalda y a cuál mira, aun en una misma tierra.
Al leer el asiento y la orientación, dos hebras del sentido de la dirección trabajan juntas. Una es un rumbo absoluto tomado de los cursos del sol y las estrellas, esto es, de los cuerpos celestes. Las coordenadas fijas de los cuatro puntos cardinales pertenecen aquí. La otra es un rumbo relativo que nace del terreno alrededor del sitio. El lado donde un valle se abre y la vista se extiende amplia, el lado hacia el que el agua fluye y se aleja, pertenecen aquí. En el feng shui real, estos dos sentidos no se leen por separado, sino superpuestos como uno solo. Un marco grande se fija por el rumbo absoluto, pero solo al añadir hacia qué lado abre de veras su regazo la tierra cobra forma al fin un asiento y orientación vivos.
El instrumento usado tradicionalmente para calibrar esta dirección sutil es el luopan, la brújula de feng shui comúnmente llamada pacheol. Es un aparato redondo con una aguja magnética en el centro, alrededor de la cual anillos concéntricos están densamente inscritos con rumbos, troncos y ramas, y los ocho trigramas. Un practicante de feng shui lo colocaba nivelado en el centro de un sitio, leía la dirección en la que la aguja se detenía y precisaba el asiento y la orientación con exactitud. Era una medición refinada, ponderada marca por marca contra las graduaciones inscritas en el borde, no una conjetura grosera señalada con la mano. Dentro de una herramienta no mayor que una pequeña palma habita la vieja sabiduría que buscó sostener juntos en un mismo lugar los rumbos del cielo y la veta de la tierra.
Leídos de nuevo a través de los ojos de hoy, el asiento y la orientación se despliegan, al final, en una historia sobre cómo un hogar y un sitio reciben la luz, el viento y el paisaje. Que se tuviera por bueno un sitio resguardado con firmeza por detrás para dar sensación de estabilidad y abierto de par en par por delante para que entren bien el sol y el viento toca el sentido de antaño para la vida que busca un entorno cómodo y sano en el que una persona habite. Conocer el asiento y la orientación es menos cuestión de memorizar un secreto misterioso que de tener clara conciencia de hacia qué dirección mira el lugar en que habitas y qué respalda. Las historias de feng shui que ofrece FortuneLeaf también parten de tal conciencia. Conocer una dirección significa mirar una vez más el lugar donde te hallas, y ese pequeño mirar se vuelve el primer paso para cuidar los espacios de la vida diaria con un poco más de ternura.