En Asia Oriental existe una vieja costumbre de escoger con esmero el día en que una tienda o negocio abre sus puertas por primera vez. Se llama «gaeeop taegil» (elección de la fecha de apertura). Como es el primer día de empezar algo nuevo, desde antiguo el día se ha escogido para dar el primer paso sobre una buena energía.
Tradicionalmente se consideran varias cosas. Primero, los «días sin son»: días que la tradición popular tenía libres de una energía perturbadora («son»), en torno a los días lunares terminados en 9 y 0, vistos como auspiciosos. Segundo, se pondera el saju del dueño que abre para escoger un día que armonice con la energía de esa persona, consultando días vistos como favorables a la riqueza o a los comienzos. Tercero, la estación y las circunstancias reales —los días y horas buenos para reunir clientes, y cuándo los preparativos están del todo completos— se consideran juntos. Superponiendo esto, se preseleccionan dos o tres días candidatos, y luego se fija el día final.
Pero hay algo que guardar en el corazón. La elección de la fecha de apertura no es en absoluto una magia que garantice el éxito o el fracaso de un negocio. Por famoso que sea el día auspicioso en que abras, es inútil si la preparación y la devoción son pobres; y aun abriendo en un día corriente, si hay buenos productos y un servicio sincero, esa tienda se llena de clientes. El taegil no es la causa del éxito, sino solo un ancla que pone en orden el corazón del «ahora empezamos» y comparte esa resolución con quienes te acompañan. No hace falta intentar comprar suerte de apertura con un talismán ni un ritual costoso.
Así que aprecia la actitud de escoger un buen día, pero no olvides que donde de veras debes verter tu fuerza no es la fecha sino el negocio mismo. Abras en un día auspicioso o en un día laborable, llevar adelante la emoción y la devoción del primer día es la verdadera suerte de apertura. Como siempre hace FortuneLeaf, lo que la elección de la fecha de apertura ofrece no es una superstición que apuesta el éxito a una fecha, sino una reflexión suave que te deja atender, junto a otros, la resolución vuelta hacia un nuevo comienzo, pues el mejor día para abrir una puerta no es el que decreta el calendario, sino el día en que un corazón preparado y la devoción han madurado.