Cuando sostienes por primera vez una baraja de tarot, el número setenta y ocho puede marear un poco. Pero estas cartas se dividen en dos grandes ramas: los veintidós Arcanos Mayores y los cincuenta y seis Arcanos Menores. «Arcano» significa en origen «cosas ocultas, secretos», y lleva la vieja creencia de que las cartas reflejan los matices de nuestro interior que cuesta ver.
Los Arcanos Mayores son un viaje de veintidós cartas, que empieza con el Loco (0) y cierra con el Mundo (21). Como los Enamorados, la Muerte, la Rueda de la Fortuna y la Estrella, guardan los grandes temas de la vida y las etapas de crecimiento del corazón. Cuando en una lectura salen varias cartas Mayores, suele leerse como una temporada en la que se atraviesa un gran nudo o un punto de giro: la señal de que no se mueve un asunto pasajero, sino una corriente más honda.
Los Arcanos Menores son cincuenta y seis cartas divididas en cuatro palos: Bastos (fuego), Copas (agua), Espadas (aire) y Oros (tierra). Cada palo va del As al Diez en cartas numéricas más las cuatro figuras de Sota, Caballero, Reina y Rey, y reflejan con detalle los matices de la vida diaria: pasión y trabajo (Bastos), emoción y vínculo (Copas), pensamiento y conflicto (Espadas), dinero y cuerpo (Oros). Si el Mayor es «la estación de la vida», el Menor es «el clima de cada día dentro de esa estación».
Leer ambos juntos es humilde. Basta con ver el Mayor como la gran corriente que ahora atraviesas, y el Menor como el matiz concreto que hoy conviene atender dentro de ella. Solo notar cuál aparece más te deja preguntar en calma: «¿es momento de detenerme y mirar de lejos, o de atender las pequeñas cosas del día?». Pero las cartas no son un futuro fijo, sino un espejo del corazón. Las decisiones grandes, como un cambio de trabajo o una relación, deben tomarse no con las cartas, sino con tu propia situación, con quienes te rodean y, si hace falta, con un profesional. Como siempre hace FortuneLeaf, lo que estas setenta y ocho cartas ofrecen no es un destino fijo, sino una reflexión serena que te deja mirarte una vez más, pues sea una carta grande o una pequeña, al final refleja al tú mismo que se sienta ante ella.