El saju (los "cuatro pilares") significa literalmente cuatro pilares: es un estudio tradicional oriental que lee el temperamento innato y el flujo de la fortuna a lo largo de la vida, tomando como cuatro pilares el año, el mes, el día y la hora de nacimiento. Cada pilar empareja un Tronco Celeste (la energía del cielo) con una Rama Terrestre (la energía de la tierra), dando ocho caracteres en total; de ahí el nombre común de "saju palja", los cuatro pilares y ocho caracteres. Esos ocho caracteres son como una sola fotografía que capta la energía cósmica del preciso instante en que una persona vino al mundo.
Las raíces filosóficas del saju llegan al yin-yang y los cinco elementos y a la refinada calendárica de la antigua Asia Oriental. Al principio la fortuna se leía centrándose en el año de nacimiento; Li Xuzhong, de la dinastía Tang, refinó ese marco, y para la dinastía Song Xu Ziping estableció el sistema actual, tomando el Tronco Celeste del día de nacimiento —el amo del día— como la persona misma e interpretándolo por sus relaciones con los demás caracteres. Por eso el saju tradicional también se llama astrología "Ziping", por su nombre.
Este estudio pasó de China a Corea y Japón, echando hondas raíces en cada cultura. En Corea sobre todo se asentó por largas épocas la costumbre de consultar el saju en las encrucijadas importantes de la vida. Al nacer un niño, se suplía una energía faltante al elegir su nombre; antes de un matrimonio, se comparaban las cartas de ambos para ver la compatibilidad; y para grandes asuntos como mudarse o abrir un negocio, se elegía un día propicio. El saju se tenía no por mera adivinación, sino por una sabiduría que lee tanto el temperamento de la persona como el flujo del tiempo para vivir bien.
La forma común de malentender el saju es recibirlo como un "guion fijo del futuro". Pero incluso tradicionalmente el saju se entendía no como una herramienta que clava el destino, sino como un mapa del temperamento innato y un pronóstico del tiempo. Igual que, oído el mismo pronóstico de lluvia, difiere el día de quien lleva paraguas del de quien no, el resultado cambia mucho según cómo recibas el flujo que el saju revela y qué prepares. Llenar una energía faltante con tu actitud y tu entorno, y no perder un buen momento: ese es el propósito original de estudiar el saju.
En cuanto a su presente, el saju se aprecia con la misma constancia de siempre. Gracias a apps y servicios en línea que resuelven al instante los complejos cálculos del calendario, cualquiera puede comprobar fácilmente sus ocho caracteres, y en las encrucijadas de la vida —la carrera, un cambio de empleo, el matrimonio— sigue siendo una referencia fiable para quienes buscan entenderse a fondo. Como la astrología occidental, el saju permanece a nuestro lado no como un yugo que encierra, sino como un cálido espejo que nos refleja y nos ayuda a elegir mejor.